Aquella tarde la esperó a la salida del trabajo, a pesar del cielo
nublado no percataron que podría llover, pero a medida que iban
caminando, la lluvia los sorprendió de repente.La abrazo por la espalda para intentar protegerla de la lluvia pero no les quedó otra que refugiarse en aquel portal. Fue allí donde la beso por primera vez, donde sus manos recorrieron todo su cuerpo, haciéndole sentir cosas que jamás ella había sentido, sus besos le erizaron la piel, de tal forma que parecía estar en una nube. A pesar de sus principios se dejó llevar por la pasión desmesurada de aquella tarde de Otoño que jamás olvidaría.
Texto: Silvia Hernández de Luis
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