Solía recordar aquella vieja ciudad que parecía haberse parado el
tiempo en ella. Sus calles guardaban silencio solo se apreciaba el
sonido del tranvía, haciendo paradas para subir a bordo a aquellas
personas que empezaban su nueva jornada de trabajo bien temprano, ya que
el reloj marcaba las 4:30 de la mañana, pero la claridad del día ya era
visible a través de los visillos de los ventanales de aquel Hotel.
En aquella ciudad tan maravillosa a esa hora, comenzaba un nuevo día.
Texto: Silvia Hernández de Luis

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