Llevaba días observando aquella chica sentada en la arena frente al mar. Solía escribir aquel nombre, el cual desaparecía con el vaivén de las olas pero ella de nuevo volvía a escribir, a veces en silencio a veces llorando.Esa tarde decidí acercarme hacia ella, al hablarle note que no me oía solo me miraba, empecé a signar con ella mediante lengua de signos ya que percate que era sordomuda, le pregunte si estaba bien, me dijo que no, me atreví a preguntarle el por que, entonces me invito a sentarme junto a ella.
Era como si mi presencia le hubiera dado tranquilidad quizás era lo que necesitaba en esos momentos. Sin más me signo su historia la cual quede conmocionada, había sido abandonada por su padre desde el vientre de su madre.
Pero era tanta su nobleza que tenia la ilusión de llegar a encontrarle algún día, porque lo quería sin ni siquiera haberlo conocido, porque jamás lo juzgo por lo que hizo y porque su corazón ansiaba por encontrarle.
Mientras tanto seguiría escribiendo aquel nombre en la arena, el mismo que desaparecía por momentos con el vaivén de las olas.
Texto: Silvia Hernández de Luis
