miércoles, 22 de junio de 2016

SU MIRADA

Desde su lecho de muerte, su mirada quedó clavada en aquella ventana que tanto apreciaba, la única que le dio vida durante años.

Desde allí podía contemplar el exterior, el lugar que lo vio nacer.
Era la casa de sus antepasados, una casa en un humilde pueblo en la montaña en la cuál vivieron muchas generaciones en ella y aún seguía conservando su esencia.


Desde aquella ventana podía contemplar el exterior, sin que apenas percibieran su presencia, pues desde aquel accidente su vida cambió para siempre.

Una triste mañana le tocó marchar para nunca volver.
Atrás quedaron días de alcaldía, murió junto a los suyos pero por desgracia sin saber lo que realmente lo apreciaba su pueblo.

Texto: Silvia Hernández de Luis

sábado, 18 de junio de 2016

EL SEÑOR FRANSUA

Al tapiar aquella entrada todo cambió en aquel lugar, pues desde entonces los niños no podíamos salir a las afueras, aunque fuera cerca del recinto amurallado.

Nos veíamos obligado a permanecer en el interior de la fortaleza, ya que se decía, que últimamente andaban merodeando malhechores con la intención de sembrar el pánico entre la muchedumbre.

Así que solo se estaba permitido abrir la puerta donde se encontraba la guardia real.

Por seguridad tuvimos que dejar de acompañar al señor Fransua en las tardes que salía con su rebaño de ovejas para poder pastar libremente en el campo.

El era mas bien de aspecto flacucho con una gran barba blanca, le encantaba contar historias de magos y duendes, que nos hacía pasar la tarde lo mas entretenida posible con sus historias. Ya que eran escuchada por todos los niños casi sin parpadear.

Texto: Silvia Hernández de Luis

miércoles, 1 de junio de 2016

ACUSADA INJUSTAMENTE

Londres siglo XIV la quema de brujas había comenzado. Ellen aparentemente era una mujer normal de su época, pero con mas inteligencia que muchas otras personas a pesar de su juventud.

Así que por ello fue acusada de brujería, sin piedad ninguna siendo torturada y condenada injustamente a ser quemada en la hoguera.

 Nada ni nadie pudo hacer nada por ella en aquel entonces.
Y desde aquella noche, su alma vagaba por las calles del viejo Londres, quien sabe si en busca de la compasión que no tuvieron hacía ella siendo verdaderamente inocente.

Texto: Silvia Hernández de Luis