miércoles, 29 de marzo de 2017

EN EL HOSPEDAJE

Mi querida Adele, la sigo esperando ansioso tras los cristales de este antiguo Hospedaje, el cual la vi por vez primera intento visualizarla en mi mente ya que fue usted quien paso noches en vela junto a mi, para bajar aquella fiebre.

Le estaré eternamente agradecido por lo que hizo, poco a poco voy recuperando mi memoria apenas salgo del lugar por mi perdida de visión, los días se hacen eternos para mí, casi diría que siempre es de noche, si no fuera por el canto de los pájaros al amanecer, ya que son mis únicos aliados.

Sin mas proferir estaría encantado de volverla a ver. Sí usted así lo decidiera, la esperare con gran entusiasmo, en los jardines de este preciado lugar para dar un largo paseo y poder conversar.

Pues si sigo entre estas cuatro paredes acabaré loco, y créame que no me gustaría, pudiendo cortejar a una bella dama. Frederick.

Texto: Silvia Hernández de Luis

Beethoven Silence

                                         
               



lunes, 20 de marzo de 2017

SUEÑOS

Aquella casa solía estar en mis sueños, algo me vinculaba a ella pero a ciencia cierta no sabia el qué.
 He llegado a pensar quizás viva en vida paralela con otra persona, porque no termina de desaparecer de mis sueños, despertándome a veces con taquicardias una gran casa antigua, parte de la casa inhabitable.
Han sido muchas las veces que he bajado esas escaleras y he llevado la mirada fija a esa maldita puerta, en una de mis pesadillas esa puerta esta entreabierta, un miedo me inunda el cuerpo en esos momentos, pero traspaso esa puerta y me encuentro casi con otra casa, llena de habitaciones en la que ni si quiera me apetece entrar, pues siento frío quizás el traspasarla me hace entrar en contacto con los que ya no pertenecen a este mundo.
 Desde niña tengo el don de sentir presencias extrañas.
 En mi sueño siempre acabo corriendo escaleras abajo, como alma que lleva el diablo, en mi mente mientras corro, me digo así misma, la tengo que vender pues no termino de acostumbrarme a ella, pero realmente no soy yo quien deba hacerlo, si no sus dueños, pues yo solo vivo lo que la otra persona vive y siente en esa casa, la reconocería a tres mil leguas, pues por desgracia a veces en esa casa vivo yo.

Texto: Silvia Hernández de Luis