La mañana amaneció algo fría, pero aún lo estaba mas su corazón, apenas pudo conciliar el sueño en la noche, pues había llegado el momento de la elección, le pareció una eternidad el cruzar aquellos pasillos hasta llegar aquella estancia que tanto odiaba, de mandato de obediencia desde que tenia uso de razón.
Todos aguardaban allí en aquellos momentos.
En la mesa sobre un escrito se encontraban aquellas llaves, las cual simbolizaban un reino y un esposo al que escoger.
En la mesa sobre un escrito se encontraban aquellas llaves, las cual simbolizaban un reino y un esposo al que escoger.
Miro a su alrededor por unos momentos y bajo la atenta mirada de su padre, alzó su voz diciendo.
Padre aún no comprendéis que no amo a ninguno de los presentes.
Lo sé mi pequeña pero con el tiempo aprenderás amarlo como también supo hacerlo tu madre.
Con lagrimas en los ojos y casi temblando, decidió escoger la más pequeña. Entonces su padre preguntó, porque decidiste elegir la más pequeña de todas, a lo cual su hija contestó, porque mi corazón me dicta que no ha querido demostrar su riqueza y dará la importancia a lo que realmente deba, a nuestro amor.
Lo sé mi pequeña pero con el tiempo aprenderás amarlo como también supo hacerlo tu madre.
Con lagrimas en los ojos y casi temblando, decidió escoger la más pequeña. Entonces su padre preguntó, porque decidiste elegir la más pequeña de todas, a lo cual su hija contestó, porque mi corazón me dicta que no ha querido demostrar su riqueza y dará la importancia a lo que realmente deba, a nuestro amor.
Texto: Silvia Hernández de Luis
