Seria sobre la una de la madrugada, había tenido un día agotador, la calle estaba solitaria había acabado de cerrar el bar donde trabajaba, se dirigía hacia el coche cuando de pronto varios hombres con acento extranjero se acercaron hacia ella agarrándola y metiéndola en un camión a la fuerza.
Fue ahí, donde comenzó su pesadilla grito, pataleo, lloro pero por desgracia no había nadie en el lugar que pudiera ayudarla.
Recorrieron kilómetros en aquel camión donde en él, se encontraban el resto de chicas, todo apuntaba a una red de trata de blancas, todas habían sido raptadas por esos tipos sin escrúpulos.
Después de muchísimas horas llegaron a aquel lugar, los ojos los llevaban vendados, las bajaron de aquel camión, una vez en el sitio les quitaron las vendas y descubrieron que se encontraban dentro de una gran nave, con unas cuantas de literas, un pequeño servicio y una cutre cocina, les explicaron lo que tenían que hacer, tristemente trabajar para ellos sin rechistar y como no, sin delatarles o matarían a sus familias.
Yaiza y el resto de chicas no daban crédito lo que estaban viviendo en esos momentos, muchas lloraban muertas de pánico y fueron apaleadas por esos tipos.
Ni si quiera tenían tiempo para lamentaciones, lo único que les quedaba era sobrevivir en aquella situación tan cruel que les había tocado vivir, al ser atrapadas por esa mafia.
Los días se hacían eternos, sobre todo las noches, les era igual que lloviera, granizara, o hiciera un calor sofocante, tenían que estar ahí, al pie del cañón como se suele decir e intentar de complacer a clientes sin escrúpulos.
Aquella noche Yaiza no se encontraba bien, tenia fuertes dolores en el abdomen, pero aún así no tuvo mas remedio que salir a trabajar, llovía con intensidad, maldecía lo que le estaba sucediendo, cuando paraba algún coche deseaba no ser ella a quien eligieran, muchísimas veces rezo por ello, pero no siempre sus suplicas fueron escuchadas.
Aunque, esa noche algo cambiaría en su vida, fue aquel coche que paro justo en frente de ella.
En ese momento se encontraba cabizbaja pero no tuvo más remedio que alzar su mirada e incluso sonreír sin ganas.........
Texto: Silvia Hernández de Luis
