jueves, 7 de septiembre de 2017

ENTRE VIÑEDOS

Me encantaba la llegada del verano porque lo pasaba en Jerez junto a mis abuelos en la finca de viñedos que poseían era preciosa con unas vistas inmejorables al campo y a las viñas. Allí me sentía feliz y libre como los pájaros.

Mi abuelo desde siempre fue un gran luchador, solía trabajar esas tierras como uno más, ya que de pequeño es lo que conoció, pertenecía a una familia humilde y trabajadora, que cansados de pasar fatigas al fin encontraron ese hogar, donde su padre le enseño a trabajar duro desde muy niño.

El señor Carlos dueño de la finca le cogió un cariño especial, ya que él nunca tuvo hijos pues su esposa falleció meses después de la boda. Por ello siempre bromeaba con mi abuelo diciéndole que si seguía tan luchador, algún día seria el dueño de todo ello.

El corría a contarles a sus padres lo que el señor Carlos le decía, sus padres le animaban a seguir luchando, porque nada se conseguía en la vida sin constancia.

Entonces ocurrió algo inesperado, su madre enfermó por unas fiebres y por desgracia falleció, lo que sumió a mi abuelo en una gran tristeza aún era un niño, ese episodio lo marco para siempre.

A los meses el señor Carlos propuso a mi bisabuelo mandar al niño a estudiar fuera, que no se preocupara por nada, que él se haría cargo de sus estudios pues ello le vendría bien para desconectar un poco de lo sucedido, mi bisabuelo a fuerzas de lagrimas aceptó aquella propuesta, pues sabia que le vendría bien, ya que el saber no ocupa lugar.

Esa mañana bien temprano mi abuelo partió para Madrid para instalarse en uno de los mejores colegios internos del lugar, solo regresaba a Jerez en Navidad y en Verano.

En sus vacaciones hacia la vendimia como el resto de trabajadores, pues él lo quería así, con los años se convirtió en un buen enólogo, a su vuelta a Jerez al finalizar sus estudios, hacia de Relaciones Publicas, junto al señor Carlos, para la exportación de vinos mundialmente.

 Años después Falleció el señor Carlos, dejando en su testamento a mi abuelo como único heredero de todas sus tierras, pues desde siempre lo consideró como su hijo a pesar de no serlo. Dejó un gran vació en aquel lugar, por ser un hombre bueno y respetuoso con todos sus trabajadores.

Aún con el tiempo a mi abuelo se le escapaba alguna que otra lagrima ya que lo tuvo como un segundo padre.

Un año después lo haría mi bisabuelo ello lo llevo a la gran tristeza del todo, pero al tiempo gracias a Dios, conoció a mi abuela en uno de sus viajes para las exportaciones, y en un año decidieron casarse en la capillita de los remedios, que aún perdura en la finca.

 Solía haber misa todos los Domingos a partir de las ocho de la mañana. Recuerdo como si fuera ayer lo primero que hacia al llegar aquel lugar, después de ver a mis abuelos me encantaba visitar aquella capilla, era preciosa, en su altar se encontraba la virgen de los remedios, a la que tanto recé y pedí.

Para mi esos veranos fueron únicos perduraran en mi memoria para siempre aquellos atardeceres junto a mis abuelos, que a pesar de los años se encontraban enamoradísimos el uno del otro, fui tan feliz en aquel lugar.......

Texto: Silvia Hernández de Luis