La mañana de nuevo invitaba a pasear por esas playas, de arena fina y agua transparente, la mar estaba tranquila, el sol aún no calentaba lo suficiente, serian aproximadamente las ocho de la mañana solo se apreciaba el sonido de las gaviotas al pasar, además del sonido de los barcos al llegar al puerto pesquero.
Después de el ansiado paseo, entre risas y arrumacos como si fueran dos adolescentes, el solía ir a las rocas, para desde allí divisar los barcos, ella se decantaba por sentarse en la arena, y así poder leer un poco.Entonces el lanzó aquella botella, que había guardado la noche anterior, entre las rocas, para sorprender a su amada con una nota.
A su vez exclamo. ¡Constanza creo haber visto una botella en el mar con una nota dentro, va hacia la orilla !
En ese momento Constanza alzó la mirada, hacia el mar, era cierto una botella se iba aproximando cada vez más.
Luis apresuro su paso desde las rocas, hacia su esposa, la cual ilusionada pero a la vez nerviosa, se le vino alguna que otra pregunta a la cabeza ¿ Sera que alguien necesita ayuda ? En ese momento se hizo con aquella botella, tiro de aquel tapón de corcho, y la volcó hacia abajo, para sacar aquella nota. La cual decía así:
Constanza eres la mujer de mi vida, le agradezco al señor haberte puesto en mi camino, gracias por hacerme tan feliz todos estos años. Siempre te amare.
Ella entre lagrimas se abrazo a su marido y lo beso con la misma pasión de cuando eran unos niños.
A pesar de los años, aquel amor seguía intacto entre ambos.
Texto: Silvia Hernández de Luis
