Le inundaba un nudo en la garganta, imaginaba el porque, pues era tantas cosas con las que tenia que lidiar, que a veces la tristeza se apoderaba de ella.Existía tal conexión entre ambos que sabían perfectamente cuanto pensaban el uno en el otro. Quizás estuviesen unidos por ese maldito hilo rojo que era tan difícil de cortar. Sí, aquel de la leyenda Japonesa, el mismo que los ataba al cuello como si fuera una soga, el mismo que no los dejaba ni siquiera respirar.
El mismo que por mucho que evitaran nada podrían hacer. Pues era obra del destino aquel que seguiría manteniéndoles unidos para siempre, sin importar la distancia que existiera entre ambos.
Texto: Silvia Hernández de Luis