sábado, 18 de junio de 2016

EL SEÑOR FRANSUA

Al tapiar aquella entrada todo cambió en aquel lugar, pues desde entonces los niños no podíamos salir a las afueras, aunque fuera cerca del recinto amurallado.

Nos veíamos obligado a permanecer en el interior de la fortaleza, ya que se decía, que últimamente andaban merodeando malhechores con la intención de sembrar el pánico entre la muchedumbre.

Así que solo se estaba permitido abrir la puerta donde se encontraba la guardia real.

Por seguridad tuvimos que dejar de acompañar al señor Fransua en las tardes que salía con su rebaño de ovejas para poder pastar libremente en el campo.

El era mas bien de aspecto flacucho con una gran barba blanca, le encantaba contar historias de magos y duendes, que nos hacía pasar la tarde lo mas entretenida posible con sus historias. Ya que eran escuchada por todos los niños casi sin parpadear.

Texto: Silvia Hernández de Luis

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