La soledad que se percibía en la casa era sublime, nada ni nadie podría
cambiar lo que alguna vez se vivió en ella, nada era lo que parecía ni
los vivos estaban vivos, ya que carecían de sentimientos, ni los muertos
estaban muertos, pues permanecían vagando sus almas por la antigua
casa, esperando que algún día se hiciera justicia por ellos.
Texto: Silvia Hernández de Luis

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