Realmente no sabía si era el camino exacto, aquel que la llevaría a la
casa de la anciana con poderes. La que solía ayudar a los chicos cuando
sufrían mal de amores.
Pues ella era nueva en la Aldea, pero había escuchado varias veces que la anciana tenía el don de poder curarlos.
Así que decidió emprender aquel viaje e instalarse en aquella otra Aldea, para intentar olvidar su pasado.
Liz era una chica tan inocente que por desgracia creyó perder a su gran
amor, pero estaba tan equivocada, ya que él la seguía amando como nunca,
pero había sido hechizado por una malvada bruja para casarlo con su hija.
La pobre hija no tenía ni idea de lo que su madre le estaba
haciendo pues ella se desvivía por San, creyendo que él la amaba por decisión
propia, no por estar bajo los efectos de un hechizo.
Mientras tanto Liz solo quería llegar a la casa de la anciana para que la curara del mal de amores que sentía aún por San...
Texto: Silvia Hernández de Luis

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