Mi querida Yudith las cartas que dejaste estuvieron escondidas tantos
años, hasta que al fin las tuve en mis manos, cuanto me hubiese gustado
haberlas encontrado antes, pero por desgracia no fue así.
Sabes lo complicado de la situación en Cuba tuve que permanecer al mando de todo, pues no corrían buenos tiempos.
Al leer tus cartas comprendí lo mucho que me echaste de menos, siempre lo imagine pero no podía volver a España.
Lo que nunca supuse que esa maldita enfermedad acabara con tu vida, sin poder siquiera despedirnos.
Gracias por haber cuidado de nuestros hijos como lo hiciste, pues ya
tienen todos sus vidas, y ahora me encuentro en la soledad de nuestra
casa, viendo viejas fotos de los pocos años que pudimos compartir.
Pero créeme que ya a mi vejez solo quiero reencontrarme de nuevo contigo,
pues ya estoy viejo y cansado de tanta soledad, solo me queda este
triste diario en el que me suelo refugiar escribiendo cada día, para que
las horas se me pasen lo antes posible. Oswaldo.
Texto: Silvia Hernández de Luis

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