Caminaba por aquellas calles, en la cual vendían algunas casas antiguas. De pronto me llamo la atención una de ellas, con un balcón en el centro y rodeada de ventanales de madera percate que todos estaban abiertos.En ese momento fije la mirada en uno de ellos en concreto, cuando de pronto se cerro bruscamente de un portazo pero solo el cual yo miraba.
Sentí un gran escalofrió por mi cuerpo pues seguían habitando en ella presencias, al menos lo que percibí en aquel portazo quizás de enfado no lo sé. Lo que sí note es que querían seguir viviendo en ella, sin más y sin que nadie les molestase jamás.
Texto: Silvia Hernández de Luis
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