Aquel viejo reloj marcaba las nueve menos cuarto, otro día mas para volver a empezar, quizás la esperanza nunca la perdió.
Si decir que estaba cansada de la vida que llevaba, a expensa de la caridad, para sacar si quiera para un bocadillo o muy de vez en cuando para algo caliente, es la historia que le toco vivir a Blanca, al perder a sus padres, A sus 18 años al termino de sus estudios, parecía todo perfecto para lanzarse al mercado laboral, si no hubiera sido por lo que aconteció, era hija única vivía con su madre ya que su padre falleció unos años antes, dependían de la paga de viudedad, pero de ahí tenían que pagar el alquiler de la vivienda ya que no era propia y correr con el resto de gastos, a ello se le sumo la enfermedad de su madre, la cual necesitaba constantemente ayuda, vivía prácticamente encerrada para poder atenderla como era debido.
Pero una mañana su madre no despertó. Desde ahí todo cambiaría para Blanca primero por su perdida, segundo porque quedaba desamparada totalmente ya que tuvo que abandonar la casa en la que vivía puesto que no tenia como pagarla,
Pero que injusta era la vida no le quedaba de otra que vivir de la caridad, pues anduvo buscando trabajo pero no tuvo suerte, a ello se le sumaba su aspecto desaliñado de no tener el aseo debido y las ropas algo anticuadas, jamás olvidaría la primera noche que tuvo que pasar en aquella pensión mal oliente, pues ni si quiera tenia ventanas, sus dueños eran mayores y no la tenían nada aseada, la pensión era tan cutre que apenas tenían huéspedes.
Todas las mañanas de lunes a domingos el ruido del viejo reloj la despertaba a la misma hora, para enfrentar un nuevo día, aquel que Blanca intentaba sobrellevar hasta que cambiara su suerte.......
Texto: Silvia Hernández de Luis

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