Le encantaba despertar en la mañana junto a él, con las piernas entrelazadas, con la ilusión de amarlo como a nada, con la sensación aún de una nueva noche de amor, de pasión y desenfreno, pues conocían cada milímetro de sus cuerpos.
En la mañana una sonrisa, una mirada cómplice de que tal fue. Una ducha, un café, además de planes por hacer, que hacia que sus días fueran felices junto a él.
Texto: Silvia Hernández de Luis

como luce el texto que avance, soberbio, exacto y preciso. me encanta
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