Desde que marchaste nada fue igual. Atrás quedaron las tardes
apasionadas en el faro, tu mirada, tu sonrisa.
Realmente no sé que te
pudo haber pasado en esas aguas, solo sé, que desde que marchaste nada
fue igual para mí.
Te llevaste nuestras ilusiones, nuestros
proyectos, dejaste solo en mí un gran vacío difícil de llenar.
Desde
entonces tengo la manía de encender una vela para que te proteja estés
donde estés.
Tu fiel amada Katie
Texto: Silvia Hernández de Luis

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