Hubiese salido corriendo de allí, pero su mirada le daba confianza. Le pregunto si el Tren que había perdido exactamente era el que iba a Galicia, sí respondió. Entonces hemos perdido el mismo comentó, apuntando a su vez el próximo no sale hasta las 24.00 de la noche.
Así es, respondió la chica entonces le pregunto su nombre Nadia contestó y el tuyo se atrevió a preguntar, Adalberto respondió.
De pronto se vio envuelta en una conversación con un desconocido en aquel lugar, pero era como si lo conociera de toda la vida, una sensación tan extraña.
El le contó de su vida, como que sus padres eran de Galicia y tuvieron que emigrar a la Argentina, en busca de un futuro mejor, de ahí su acento Argentino a pesar de ser Gallego, sus padres seguían conservándolo aún.
Ella le contó que también era gallega, y que sus padres por suerte no tuvieron que emigrar, pues mantenían un negocio familiar de casi un siglo, y gracias a Dios les iba bien.
A medida que pasaban las horas percataron que tenían muchas cosas en común.
Quizás realmente no habían perdido aquel Tren, quizás lo tenían delante de sus ojos quien sabría si para siempre.
Texto: Silvia Hernández de Luis

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